No sé si he visto alguna vez en alguna foto una expresión de felicidad tan completa, tan absoluta y tan radiante como en ésta... Y a poco que nos fijemos veremos que es una foto bien triste. El niño se llama Werfel. Tiene seis años y vive en el orfanato Am Himmel, en Viena. Estamos en 1946. La Segunda Guerra Mundial ha terminado el año pasado y él se ha quedado solo en el mundo. Y, sin embargo, ha recibido un regalo inesperado: Un regalo que ya no es el objeto en sí mismo (unos magníficos zapatos), que ni siquiera necesita perentoriamente para sobrevivir (los que tenía le podían seguir haciendo apaño durante unos cuantos meses, o incluso años), sino la palpable demostración de que tiene a alguien, de que alguien, de alguna manera abstracta, indirecta y remota, se ha acordado de él y le ha hecho un regalo, Vamos, de que alguien le quiere...